Esta
semana me ha tocado hacer una tarta de Winnie the Pooh. Ha sido todo un reto,
no porque fuera muy difícil, sino porque era para una comunión y no podía
quedar mal, había una niña ilusionada esperando la tarta de su personaje
favorito.
Las
cosas no empezaron bien. Tenía un fin de semana de lo más liado, la agenda
completa, asi que tuve que hacer la tarta de noche. Para complicarlo un poco
más habíamos cambiado la marca del fondant, nos lo recomendó el chico de la
tienda de repostería y además era sin gluten, pero resultó todo un fiasco. En
cuanto empecé a estirarlo para cubrir la tarta le empezaron a salir burbujas,
se quedaba pegado en el rodillo. Pensé que le había echado mucho colorante
(suelo comprar una pastilla blanca de un kilo y lo voy tiñendo) pero cuando
estiré el blanco me di cuenta que ese no era el problema. Tardé 45 minutos en
estirarlo y cubrir la tarta, ¡algo que se hace en 5 minutos!, y aún así no
quedó bien. Conseguí disimularlo colocando flores y globos donde estaban las burbujas, pero tengo claro que no volveré a usar esa marca de fondant.
Ahora
os cuento los secretillos de la tarta. EL bizcocho como siempre, el de yogur,
relleno de mermelada de fresa y cubierto con nocilla, creo que es lo que más
les gusta a los niños.
Los personajes están impresos y luego recortamos el fondant con las formas de cuerpo y ropa, y las pintamos con rotulador comestible.
Eso lo pudimos hacer mientras tuvimos fondant de la marca que usamos habitualmente, con el nuevo, se empezó a quedar pegado en el molde y no había forma de sacarlo. Así que tuvimos que cambiar la decoración y hacer un apaño en la zona donde colocamos el nombre de la niña.
Para que las mariposas cojan volumen las suelo doblar por la mitad, por el cuerpo y un poco las alas hacía fuera y las dejo secar boca abajo.
Que paseis buena semana y ¡A disfrutarla!



















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